
El V Congreso Internacional AGUA PARA EL FUTURO, organizado por el Departamento General de Irrigación junto al Gobierno de Mendoza, se celebró con éxito los días 3 y 4 de diciembre de 2025 en el Auditorio Ángel Bustelo, en Mendoza, Argentina. El encuentro se consolidó como un espacio fundamental para repensar prácticas, costumbres y modelos de gestión con el fin de garantizar el acceso, la sostenibilidad y la equidad en el uso del agua frente a los desafíos actuales y futuros.
Carlos Rivas, socio y representante de ALADYR en Argentina tuvo una participación especial en este evento, ofreciendo la ponencia ODS, Huella Hídrica y Reúso: claves para la Gestión Sostenible y Eficiente del Agua, donde abordó la problemática hídrica desde la perspectiva tecnológica.
La disponibilidad del agua y los ODS
Rivas explicó que, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el número 6.3 plantea mejorar la calidad del agua hacia 2030 mediante la reducción de la contaminación, la disminución de vertimientos sin tratar y el aumento del reciclaje y la reutilización; siendo clave la medición de la Huella Hídrica, indicador que representa la cantidad de agua total involucrada en la cadena de producción o servicios, desde el origen hasta la disposición final, para conocer con precisión la responsabilidad que tiene cada empresa y sector para alcanzar este objetivo.
Como ejemplos, mencionó que un bife de chorizo de 300 a 400 gramos puede requerir cerca de 15.400 litros de agua, mientras que una botella de 0,5 litros de gaseosa demanda alrededor de 35 litros de agua. Acorde a los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 70% de la huella hídrica mundial está vinculada a la alimentación.
Además, Rivas indicó que medir adecuadamente el consumo hídrico abre la puerta a mecanismos de compensación. Las empresas con una huella elevada pueden financiar proyectos de generación y regeneración de agua dulce, favoreciendo la recuperación de la “huella azul” y fomentando un círculo virtuoso.
Desalación y reúso como pilares fundamentales
Durante su exposición, el representante de la ALADYR identificó dos grandes pilares para el aprovechamiento del agua, el uso del agua de mar mediante desalación y la reutilización de efluentes. Destacó que, una vez tratada, el agua debe aprovecharse en todos los usos posibles antes de ser devuelta a los cursos naturales. Señaló además que el nivel de reúso está estrechamente vinculado al desarrollo de cada país. En naciones desarrolladas alcanza cerca del 70%, en países de desarrollo medio alrededor del 38% y en los menos desarrollados llega aproximadamente al 28%.
Avances tecnológicos en depuración y reutilización
El tratamiento de efluentes, explicó, ha evolucionado significativamente desde mediados del siglo XX, cuando los vertidos industriales se manejaban con procesos mínimos. Con el tiempo, los tratamientos se hicieron más complejos para reducir el impacto ambiental.
En línea con esta evolución tecnológica, tomó relevancia el concepto moderno de Biofactoría, un modelo que trasciende la simple depuración para enfocarse en el reaprovechamiento integral del residuo. Bajo este enfoque, las aguas tratadas quedan listas para reúso, mientras que los lodos se transforman en biogás y fertilizante natural gracias a su contenido de nitrógeno y fósforo.
El ejemplo más notable de esta reconversión son las plantas El Trebal y La Farfana de Aguas Andinas en Santiago de Chile. Este modelo opera bajo el principio “Nada se pierde, todo se transforma” y se sostiene en tres columnas de reaprovechamiento que permiten transformar casi el 100% de las aguas servidas de Santiago
- Agua descontaminada. Las aguas servidas que ingresan a la Biofactoría La Farfana a razón de 9.000 litros por segundo pasan por tanques de aireación donde bacterias eliminan microorganismos y los lodos decantan. Una vez descontaminada y clorada, el agua se devuelve al río Mapocho con calidad de agua de riego. Cada año, 600 millones de metros cúbicos de agua descontaminada ingresan al río Mapocho y, posteriormente, al río Maipo.
- Energía limpia. La materia orgánica recuperada alimenta los silos digestores, generando biogás y energía eléctrica. En El Trebal-Mapocho se producen 8,2 MW/h de electricidad, que abastecen el 80% de la operación de la biofactoría. En La Farfana, el 30% se destina al abastecimiento de clientes de Metrogas y el 25% a calefaccionar los digestores.
- Biofertilizante agrícola. Tras un ciclo de 28 días, el biolodo se convierte en un biosólido rico en nitrógeno, fósforo, azufre y otros nutrientes. El 70% de este material se distribuye como abono entre agricultores de la Región Metropolitana.
El reúso en la industria minera
Entre los casos de éxito de la evolución tecnológica a favor de la eficiencia y sostenibilidad hídrica, Rivas subrayó a Israel, en donde el 85% de reúso de efluentes se destina a riegos, añadió que, además del reúso para irrigación, existen otros tipos de reúsos avanzados, como el reúso potable directo e indirecto, y el reúso industrial. En este último ámbito enfatizó el sector de la minería, donde Chile ya cuenta con numerosas experiencias favorables; como es el caso de Antofagasta, en el desierto de Atacama, donde los efluentes cloacales de la ciudad, 3000 m³ por hora que antes se vertían al mar, se postulan para un proyecto innovador – La empresa Sacyr construirá estaciones elevadoras que implican un bombeo de hasta 4000 metros sobre el nivel del mar para enviar el efluente cloacal crudo a una planta depuradora en la montaña. Esta agua tratada será vendida como recurso hídrico para los procesos mineros, un emprendimiento privado que aprovecha un recurso previamente descartado.
La minería chilena ha establecido importantes proyecciones en materia de gestión y reúso del agua. Para el año 2033, la industria busca lograr una reducción del 45% en el uso de agua continental mediante la reutilización del recurso. A largo plazo, se proyecta que para 2040 hasta el 95% del agua utilizada en la actividad minera provendrá de agua desalada.
Para Argentina, Rivas presentó el ejemplo del megaproyecto binacional de Vicuña, con una inversión estimada de 15.000 millones de dólares. El proyecto se centra principalmente en la extracción de cobre, además de oro y plata, con una producción cercana a 175.000 toneladas de mineral por día. Su estudio de impacto ambiental contempla la multifuente como solución de suministro debido a la escasa disponibilidad de agua en la región, demostrando que “en materia de tecnología no hay limitación”. Esta estrategia integral incluye la conexión con el otro lado de la Cordillera para utilizar agua desalinizada del Pacífico, la recuperación y reutilización del 73% de sus propios efluentes y la exploración de acuíferos. Rivas acentuó que la clave de este enfoque es la posibilidad no solo de evitar afectar los recursos hídricos existentes, sino incluso de incrementar la disponibilidad de agua para las comunidades colindantes, un aspecto que ya es considerado central en varios emprendimientos en Chile.
Otros casos de éxito
Rivas citó la planta de reúso Aquapolo en São Paulo, Brasil, considerada la más grande de Latinoamérica, ésta capta el efluente depurado de la planta cloacal y lo somete a un tratamiento de múltiples barreras, incluidas microfiltración y ósmosis inversa, para obtener un agua apta no solo en términos biológicos y bacteriológicos, sino también de salinidad para uso industrial. El agua regenerada se transporta a través de un acueducto de 17 kilómetros que atraviesa zonas habitadas de São Paulo hasta el polo petroquímico Capuava. De acuerdo con Rivas, los beneficios de esta planta son realmente significativos y desempeñaron un papel fundamental durante los años en que la sequía generó fuertes restricciones hídricas en la ciudad.
El caso de la Estación Espacial
Para concluir, reforzó el mensaje de que la tecnología no tiene límite en la gestión del agua y tomó como ejemplo la Estación Espacial Internacional (EEI) donde los astronautas deben subsistir reciclando los líquidos disponibles en la nave, incluidos sus propios efluentes (orina, condensado de vapor, etc.). Esta agua es tratada de manera altamente eficiente y el sistema logra recuperar el 93% del líquido, obteniendo un recurso de una calidad insuperable en la naturaleza.
El mensaje final para los profesionales del sector fue “Si el tema es el agua, pensemos con grandeza”, ya que la tecnología permite no solo minimizar el impacto, sino también generar círculos virtuosos en la gestión de recursos.
Desde ALADYR extendemos nuestro sincero agradecimiento al el Departamento General de Irrigación del Gobierno de Mendoza – Argentina por la oportunidad de participar y seguir compartiendo información para el avance de la gestión hídrica en Latinoamérica y a nuestro representante Carlos Rivas por su asiduo compromiso con los objetivos de nuestra asociación.


