“EL COSTO DE NO ACTUAR SUPERA POR MUCHO EL COSTO DE LA INFRAESTRUCTURA DE DESALACIÓN Y REÚSO”

En el marco de THE WATER EXPO 15th Edition en Fort Lauderdale, el miércoles 12 de agosto de 2026, Juan Miguel Pinto, director de ALADYR y director senior de Ventas Globales de Agua en Energy Recovery, presentó “DESALACIÓN Y REÚSO: Alternativas para el Desarrollo de América Latina“; un diagnóstico crítico sobre lo que enfrenta nuestra región, rompiendo la falsa narrativa de la abundancia de agua…Aunque Latinoamérica concentra casi el 31% de los recursos hídricos renovables globales, más del 70% de su población e industrias operan en regiones con estrés hídrico de moderado a crítico, ubicadas principalmente en zonas áridas o semiáridas. El informe de la ONU sobre la “bancarrota hídrica global” y datos de la CEPAL destacan que más de 164 millones de personas carecen de acceso seguro a agua potable, mientras los acuíferos subterráneos se agotan a un ritmo irreversible.
La ponencia subrayó que las externalidades negativas del cambio climático se materializan a través del vector RECURSO HÍDRICO, evidenciando un aumento del 178% en el promedio anual de eventos hidrometeorológicos extremos registrados en la región al comparar los periodos 1970–1999 y 2000–2023. Este panorama se traduce en una mayor imprevisibilidad en la disponibilidad de fuentes de agua de primer uso y en un incremento del 211% en los conflictos relacionados con el agua entre 2010 y 2023, concentrándose el 85% de ellos en minería (33%), agricultura (30%) y abastecimiento urbano (22%). En términos financieros, los eventos extremos generan pérdidas económicas anuales potenciales de US$ 10 a 15 mil millones en la región, afectando severamente sectores como la agricultura, la minería, la energía hidroeléctrica y los servicios urbanos.

Frente a la brecha de inversión respecto a la OCDE —donde América Latina invierte entre 0,5% y 0,7% del PIB en seguridad hídrica frente al 1,0%–1,5% de la OCDE—, se remarcó que reducir la vulnerabilidad mediante inversión hídrica es la palanca más efectiva para disminuir el riesgo total. En este contexto, la desalinización dejó de ser una tecnología del futuro y se consolidó como la infraestructura base actual para la minería, la energía y el consumo humano costero, al tiempo que tratar el agua residual dejó de asumirse como un costo de cumplimiento ambiental para convertirse en la creación de una nueva fuente de suministro resiliente. A la par, la descarbonización avanzó sustancialmente: el consumo energético promedio industrial bajó a un rango de 3 a 4 kWh/m³, alcanzando hitos globales de eficiencia en la región de hasta 2.8 kWh/m³ gracias a sistemas de recuperación isobárica de energía.
Al cierre de 2025, la capacidad operativa de desalación en Latinoamérica alcanzó 3.247.606 m³/día (aproximadamente el 6.3% mundial), mientras que el 80% de los efluentes y aguas residuales aún regresan a los cuerpos de agua sin tratamiento ni valorización adecuados. GWI proyecta más de 30 macroproyectos nuevos hacia 2030 equivalentes a una demanda incremental de 3.000 MLD.
ENTRE LOS CASOS EMBLEMÁTICOS EXPUESTOS DESTACARON LOS AVANCES EN LOS ANDES:
- En Chile, la Planta Desaladora de Atacama, reconocida como la primera infraestructura de desalinización de carácter público y estatal destinada exclusivamente al consumo humano en el país, destaca además por su alta eficiencia energética de 2.8 kWh/m³. Antofagasta abastece el 100% de su demanda urbana con agua de mar desalada mediante la Planta Desaladora Norte en La Chimba, que también abastece a Mejillones, mientras que Sacyr desarrolla la desaladora de Coquimbo con una inversión de 320 millones de dólares y un sistema de reúso de efluentes por 290 millones de dólares.
- En Perú, resalta el Proyecto Provisur en Lima Sur, operado bajo APP por Tedagua, que integra una desaladora de 34.560 m³/día y una PTAR de 15.552 m³/día para atender a más de 100.000 habitantes y reusar el 100% del efluente en áreas verdes, junto con proyectos mineros como Tía María en Arequipa proyectando 235 l/s desalinizados por ósmosis inversa.
- En México, en el norte (Baja California y Sonora), operan plantas desaladoras clave para distritos agrícolas de alta exportación y clústeres de manufactura por nearshoring. Ensenada produce miles de metros cúbicos diarios mediante ósmosis inversa para consumo humano. Playas de Rosarito se impulsa como uno de los proyectos más grandes de la región para abastecer a Tijuana y Rosarito. Los Cabos cuenta con infraestructura municipal notoria que aporta cientos de litros por segundo a Cabo San Lucas. En el eje Cancún / Riviera Maya, se implementa desalación modular de agua salobre y marina subterránea en cuartos de máquinas para sostener el crecimiento hotelero, perforando pozos poco profundos para extraer agua de estratos salobres o de la franja de mezcla marina sin estresar el acuífero kárstico maya.
- En Brasil, resaltan proyectos como la Planta Desalinizadora de Fortaleza, operada por Cagece con una capacidad de 1.000 l/s; la planta industrial de ArcelorMittal Tubarão, gestionada por Fluence con 500 m³/h; el Programa Água Doce; la Megausina de Guarapari de 1.200 l/s; y las instalaciones en Fernando de Noronha a cargo de Compesa. Asimismo, se integran grandes proyectos de reúso como Aquapolo Ambiental, que suministra 1.000 l/s al polo petroquímico del ABC Paulista, además de la Vitória Water Reuse Station, operada por GS Inima y Cesan, y el sistema de Petrobras REDUC.
Pinto expuso un análisis de gobernanza y legitimidad de proyectos mediante la presentación del caso de “Cobre Panamá” – First Quantum Minerals Ltd…mucha gente recuerda el caso bajo la narrativa de que “la mina cerró por contaminación del agua”, sin embargo, al revisar la documentación el detonante formal fue la inconstitucionalidad del contrato, mientras que el combustible político y social fueron las preocupaciones ambientales y de gobernanza. De este hecho se extrajo una lección central: un proyecto puede cumplir técnicamente con sus indicadores ambientales y aun así fracasar si pierde legitimidad social respecto del uso y protección del agua.
CUELLOS DE BOTELLA
Acorde al director de ALADYR, en la región existen múltiples trabas o cuellos de botella que ralentizan los proyectos para el desarrollo de estrategias como la desalación y reúso; resumió estos en los siguientes:
Permisología y Burocracia
- Tiempos excesivos: Los permisos ambientales tardan de 5 a 8 años en el eje andino.
- Falta de agilidad: Los procesos de evaluación no tienen plazos fijos ni eficientes.
- Impacto financiero: La espera larga frena la inversión y sube el costo inicial.
Gobernanza de la Salmuera
- Temor ecológico: Existe miedo al daño marino por mitos o falta de datos locales.
- Regulación obsoleta: Faltan normas técnicas modernas para la descarga submarina.
Seguridad Jurídica y Tarifas
- APP débiles: Los contratos públicos y privados fallan en la gestión de riesgos.
- Costos sin indexar: Las tarifas no ajustan bien el gasto operativo (OPEX) por energía y insumos.
- Riesgo financiero: La falta de garantía ahuyenta a los bancos y a las empresas.
Para superar estos obstaculos, ALADYR propone impulsar la Filosofía Water Positive, conformar un Banco de Proyectos Latinoamericano con apoyo técnico a gobiernos subnacionales en el diseño de pliegos de licitación bancables y viables, y avanzar en la armonización legal para el Reúso Potable Directo e Indirecto (IPR/DPR).

Juan Miguel Pinto finalizó la presentación mencionando “EL COSTO DE NO ACTUAR SUPERA POR MUCHO EL COSTO DE LA INFRAESTRUCTURA DE DESALACIÓN Y REÚSO”, enfatizando que nuestra región NO adolece de falta de tecnología NI de recursos de capital; adolece, en ocasiones, de audacia regulatoria, compromiso y voluntad. El desarrollo de Latinoamérica ya no se mide en kilómetros de carreteras, se mide en la resiliencia y los metros cúbicos que seamos capaces de desalar y regenerar para el mañana.


