El panel “Gestão Hídrica Corporativa e Water Positive”, realizado durante el Congreso ALADYR Brasil 2026, puso sobre la mesa una evolución cada vez más evidente en la gestión corporativa del agua “la eficiencia dentro de la planta sigue siendo fundamental, pero ya no es suficiente”. El desafío ahora es ampliar la mirada hacia la cuenca, entender los riesgos compartidos y avanzar hacia estrategias de water stewardship capaces de generar un impacto positivo medible.

Moderado por Luiz Bezerra, representante de ALADYR en Brasil y Director Ejecutivo de LÁGUAZ, el panel reunió a André Villaça Ramalho, del Pacto Global de las Naciones Unidas y CEO Water Mandate, y Alejandro Sturniolo, del Water Positive Think Tank. La conversación mostró cómo el agua está dejando de ser considerada únicamente un costo operativo o de cumplimiento para convertirse en un activo estratégico directamente relacionado con la continuidad del negocio, la resiliencia de las cadenas de valor y la competitividad.
La dimensión del desafío ayuda a entender este cambio. Distintos estudios estiman que la crisis global del agua podría generar pérdidas equivalentes a alrededor del 8% del PIB mundial hacia 2050. Para la industria, esto significa reconocer que existe un límite físico para lo que puede conseguirse solamente mejorando la eficiencia dentro de una instalación.
Ejemplos recientes en Brasil muestran con claridad esta dependencia. Las inundaciones de 2024 afectaron severamente la operación de Coca-Cola FEMSA en Porto Alegre, cuya planta necesitó varios meses para recuperar plenamente su capacidad productiva. De manera similar, la crisis hídrica de Cantareira dejó en evidencia cómo una situación de estrés en una cuenca puede convertirse rápidamente en un riesgo económico, operativo y social.
El mensaje es claro: una empresa puede ser extremadamente eficiente dentro de sus instalaciones y, aun así, seguir estando expuesta si la cuenca de la que depende pierde resiliencia. Por eso, distintos análisis económicos muestran que el costo de no actuar frente a determinados riesgos hídricos puede llegar a ser varias veces superior al costo de invertir anticipadamente en soluciones.
Durante su intervención, André Ramalho presentó una hoja de ruta basada en tres dimensiones centrales del impacto hídrico: disponibilidad, calidad y acceso al agua y saneamiento. Estas dimensiones pueden abordarse en diferentes escalas, comenzando por la propia operación, continuando en la subcuenca y extendiéndose finalmente hacia modelos de gobernanza compartida de la cuenca junto con otros actores.


Ramalho destacó también los avances realizados por empresas como Ambev, que ha conseguido reducir significativamente la cantidad de agua utilizada por litro de bebida producido. Al mismo tiempo, señaló que una parte importante de la huella hídrica corporativa puede encontrarse fuera de la planta, particularmente en las cadenas de suministro y en sectores como la agricultura.
Alejandro Sturniolo abordó la gestión del agua desde la perspectiva de la doble materialidad: entender cómo los riesgos relacionados con el agua pueden afectar al negocio y, al mismo tiempo, cómo las actividades de una empresa pueden generar impactos sobre los recursos hídricos.
Esta mirada permite conectar la gestión corporativa del agua con el ODS 12, Producción y Consumo Responsables, y avanzar desde el análisis de la huella hacia la implementación de proyectos capaces de generar Water Benefits cuantificables.


Sturniolo explicó cómo metodologías como Volumetric Water Benefit Accounting permiten identificar, cuantificar y monitorear los beneficios generados por proyectos de water stewardship. Estos proyectos pueden actuar sobre disponibilidad, calidad o acceso al agua y deben demostrar condiciones como adicionalidad, permanencia, trazabilidad y mecanismos adecuados para evitar el doble conteo.
Uno de los ejemplos presentados estuvo relacionado con la creciente infraestructura digital y los centros de datos asociados al desarrollo de la Inteligencia Artificial. El objetivo fue mostrar que determinados impactos hídricos, muchas veces poco visibles para el consumidor final, pueden ser identificados y vinculados con inversiones concretas en proyectos capaces de generar beneficios hídricos medibles.
El ejemplo permitió ilustrar otro punto central de la conversación: en determinados casos, una inversión relativamente pequeña frente al tamaño económico de una corporación puede movilizar proyectos de agua con impactos significativos en las comunidades y ecosistemas donde el recurso se encuentra bajo mayor presión.
El panel también abordó la necesidad de mejorar la manera en que las empresas valoran económicamente el agua. Herramientas como el Corporate Water Shadow Price permiten incorporar variables que normalmente no aparecen en la tarifa que una empresa paga por cada metro cúbico, entre ellas el riesgo de escasez, la confiabilidad del suministro, las alternativas disponibles y las posibles consecuencias económicas de una interrupción.
De esta manera, decisiones que pueden parecer difíciles de justificar cuando se analiza solamente el costo directo del agua comienzan a tener sentido cuando se incorpora su verdadero valor para la operación y para la continuidad del negocio.
Los expertos del panel aseveraron que la seguridad hídrica no puede construirse únicamente dentro de los límites de una instalación industrial. La eficiencia sigue siendo el primer paso, pero la resiliencia requiere trabajar también fuera de la planta, colaborar con otros usuarios del agua y participar activamente en la protección y recuperación de las cuencas de las que dependen las empresas, las comunidades y los ecosistemas.
Avanzar hacia una estrategia Water Positive significa precisamente ampliar esa responsabilidad; medir los impactos, reducirlos siempre que sea posible y contribuir, mediante proyectos verificables y de largo plazo, a generar beneficios que fortalezcan la resiliencia de los sistemas hídricos compartidos.


